Hoy en día, la palabra asociatividad se utiliza de forma cada vez más frecuente, en relación a criterios empresariales y comerciales. No obstante, la asociatividad se encuentra presente desde hace millones de años en el planeta. Su expresión más clara se vislumbra en la naturaleza.

Es así como la Agroecología – disciplina que estudia los procesos ecológicos que operan en los llamados agroecosistemas, y aplica la teoría ecológica para el diseño, manejo, y producción en los sistemas agrícolas – sustenta sus bases, precisamente en la asociatividad de una forma transdisciplinaria. Propone un esquema de producción agrícola en pequeña escala que permite maximizar la productividad a gran escala, reduciendo el uso de agroquímicos y otros insumos agrícolas, que ponen en riesgo el medio ambiente afectando la calidad de los suelos, agua y salud humana, así como el mantenimiento de la diversidad genética y cultural. Para lograr esto, es fundamental la etapa de planificación y diseño agroecológico, que responde a las preguntas ¿Qué?, ¿Cómo?,¿Dónde? y ¿Cuándo?.

¿En qué consiste esto? Podemos recrear la asociatividad de la naturaleza en los cultivos, por ejemplo, cuando sembramos dos o más cultivos de forma simúltanea, logrando un policultivo. Contrario a lo que se piensa, la asociación de cultivos es muy beneficiosa, ya que los cultivos se apoyan unos a otros: ya sea por tener tiempos diferentes de desarrollo, requerir nutrientes diversos, ayudar a alejar plagas dañinas, atraer insectos polinizadores y depredadores naturales de plagas, entregar sombra, proteger el suelo, entre otras.

Las culturas milenarias indígenas mesolatinoamericanas lo sabían, de hecho, un ejemplo de asociación de cultivos corresponde a la milpa.

¿Qué es la milpa?

La milpa corresponde a la asociación de choclo (maíz), poroto (frijol) y zapallo (calabaza). Este combinación de cultivos funciona ya que estos vegetales presentan diferentes necesidades de nutrientes, espacio y luz. Por ejemplo: el choclo crece muy alto, por lo cual provee de sombra al poroto y zapallo. A su vez, el poroto tiene raíces profundas que permiten aflojar y ventilar la tierra, mientras aporta nitrógeno al suelo. Por último, el zapallo con sus hojas anchas cubre el suelo, evitando la pérdida de humedad y desarrollo de malezas.

Te invitamos a reflexionar acerca de las actuales formas de producción a través de extensas plantaciones de monocultivos, así como a poner en la mesa el tema de las técnicas que ancestralmente se han aplicado en el campo, y que hoy vemos como se van perdiendo.

Y tú ¿cómo vives la asociatividad?

Referencias

  • Manual de prácticas agroecológicas para una agricultura sostenible y soberanía alimentaria. 2010. Proyecto de Desarrollo rural integral Vicente Guerrero.
  • Haciendo Milpa: La protección de las semillas y la agricultura campesina. 2011. Elena Álvarez-Buylla Roces Areli Carreón García Adelita San Vicente Tello.