Hace  varios años atrás comencé mi vida profesional en el sur de Chile junto con organizaciones sociales productivas. De partida las organizaciones productivas no son mayoritarias en nuestro país, más bien el sentido de organización se da en contextos de organizaciones comunitarias funcionales, Juntas de Vecinas/os y Uniones Comunales (abarcando el 80% de las organizaciones, según el catastro realizado por el *Centro UC de Políticas Públicas).

Algo pasa cuando hablamos de trabajo y aún más de trabajo colectivo/ trabajo en equipo. Así es como la comunidad se organiza en juntas de vecinas/os, clubes deportivos, grupos religiosos, centro de apoderados, comités de vivienda, pero no para generar trabajo. Como sociedad chilena y ante el modelo neoliberal en el cual hemos crecido; trabajar en equipo, trabajar en conjunto parece una aberración. Si pensamos en nuestra crianza, nuestra educación, nuestro entorno laboral nos parecen naturales las frases “la ley del más fuerte”, “ser el más viva/o”, “ser EL/LA mejor”, “salvarse sola/o”, de hecho, en muchas mallas curriculares se habla de emprendimiento, apresto laboral o competencias laborales siempre pensado desde un ámbito individual.

Ante este panorama no me sorprende que al momento de hablar de cooperativas de trabajo una de las principales dudas sea precisamente esa “¿cómo nos organizamos para trabajar juntas/os?“, y frente a esta duda la invitación principal es a pensarnos primero de forma individual: ¿estoy dispuesta/o a trabajar con otras personas?, ¿qué puedo aportar a un grupo?, ¿qué voy a necesitar de un grupo?. Al momento de pensarnos desde un trabajo colectivo existirán temas que sí o sí deben abordarse desde un comienzo; transparentando intenciones, objetivos y metas, y considerando que la comunicación, administración, gestión y organización son herramientas que nos ayudarán a transitar estos procesos de una forma mucho más fluida (y evitando que el grupo en cuestión se desmorone).

Algo que hay que tener claro desde el día 1 de comenzar un proyecto de trabajo colectivo es que las discusiones y conflictos serán parte de nuestra realidad, y el cómo abordaremos este tipo de situaciones irá cimentando la cultura organizacional de nuestro grupo. Levantar un proyecto con amistades de toda la vida no asegura su éxito, así como el trabajar con personas de la misma profesión. Hay que realizar cambios internos profundos cuando nos embarcamos en esta aventura. Los cambios no son fáciles, pero si son necesarios para el éxito del proyecto.

Durante las próximas semanas escribiremos acerca de este tema, mantente atenta/o a las actualizaciones.

 

 

(*) En Chile, según el estudio realizado por Centro UC de Políticas Públicas, existen 234.502 organizaciones de la sociedad civil. Las temáticas que abordan corresponden a: Desarrollo Social y Vivienda (32,1%), Cultura y Recreación (31,6%) y Educación e Investigación (13,3%).